divendres, 22 d’agost de 2014

Rodalies de Renfe: no anem bé

Realment es pot qualificar de tragèdia o, si més no, de drama la situació de rodalies de Renfe. Hi ha moments que un creu que ja n'hi ha prou! Cal millorar el servei i sobretot informar més i millor quan falla algun element de la xarxa de rodalies. No pot ser que ens acostumem a viure amb un ai al cor, que les persones ens troben lesionades en el dret a la mobilitat i que la prestació del servei públic del transport  en ocasions hagi desaparegut per complet.  No cal dir que tot plegat està comportant un gran malestar a la població, des de fa massa anys.
El problema de fons es saber què està passant realment, cosa que no s’acaba d’explicar. Passen els anys. El servei és manifestament millorable. Les explicacions dels tècnics no sovintegen i els polítics tinc la sensació que ja no saben què fer. Aleshores, ningú assumeix la responsabilitat per la situació caótica creada?
Sembla que això d’assumir una responsabilitat no vagi amb els nostres gestors públics. No volem que ens demanin perdó o disculpes, que també. Els ciutadans volem sobretot respecte, i en ocasions com la present, el respecte vol dir que hi ha situacions que no es poden mantenir. 
Davant la insolvència i el descrèdit dels gestors dels afers públics, els ciutadans cada vegada creiem menys en els discursos i la propaganda, com no pot ser d’una altra manera. El caos de rodalies es, al meu parer, simptomàtic del moment en què viu la nostra societat: una desesperança gran perquè ningú assumeix la seva responsabilitat de veritat, les explicacions son sempre parcials, tot es veu en clau electoral, i els ciutadans sembla que ens acostumem a viure dins el caos i la incertesa o això ens volen fer creure.
La situació es gravíssima, perquè el mal servei de rodalies de Renfe suposa un trencament de les infraestructures del país. Per tant, que deixin de jugar amb les persones, i per dignitat i honor, algú assumeixi si us plau les responsabilitats que pertoquen en qualsevol Estat de Dret i en una societat civilitzada. O si més no que algú ens digui ja per què no ho han de fer.

diumenge, 17 d’agost de 2014

La agostidad

Escribo estas líneas en la canícula del mes de agosto, durante una etapa que se ha dado en llamar "vacaciones". Estos días son diferentes a los del resto del año porque si bien la vida sigue, con sus achaques y miserias, y con sus aspectos positivos, la humanidad -por lo menos la humanidad de esta zona de un lugar llamado mundo donde resido- parece que se metamorfosea, como huyendo de la cotidianidad, de la agitación del resto del año. El concepto "vacaciones" se ha convertido, a parte de una necesidad vital, en un mito, en una creencia de que podemos ser felices desconectando de una realidad, que en el mejor de los casos, sólo se deja en suspenso de forma transitoria, temporal.

Las vacaciones, como las bicicletas, son para el verano, aunque afortunadamente también se pueden tomar en otras épocas del año, como cada vez se hace más en nuestro entorno. Y sobre todo, hoy hemos de ser muy respetuosos con todos aquellos que por diversas circunstancias, sobre todo económicas, no pueden tener vacaciones.

Agosto, sin embargo, es el mes de las vacaciones por antonomasia. Cada uno se programa las vacaciones que puede o le apetece más, y la forma de descansar que mejor le va. Pero es un mes curioso, no tanto como hace años, pero sigue siéndolo. En España, agosto sigue siendo un mes de  relajación, en casi todos los órdenes de la vida. Como dice un conocido mío, "es que en agosto no te puedes ni morir". La concentración de las vacaciones en el mes de agosto produce un efecto desagradable: "cerrado por vacaciones". Mientras tanto, el sector servicios intenta "hacer el agosto", en una expresión ya consolidada en el lenguaje coloquial.

Agosto es sinónimo de vacaciones, así, generalizando. Unas vacaciones construidas como concepto dentro del derecho laboral, protector de la clase operaria, del trabajador por cuenta ajena. ¡Y que dure!

Pero lo que quiero expresar aquí es que en agosto la vida parece otra cosa. O nos lo creemos. O nos lo queremos creer. Agosto es tiempo de agostarse, con el calor que nos proporciona el verano. Y en principio descansar. Que gran idea, poder descansar. Algunos viajan a paraísos lejanos, otros van a su pueblo, o lo que sea. Si descansar es el objetivo, bienvenido sea el mes de agosto. Otra cosa es si ello es posible, o sólo es una pretensión, una idea, una falsa ilusión.

Cada uno que gaste su tiempo como pueda...

En el paréntesis estival, las defensas ante la toxicidad ambiental se relajan. Eugeni d'Ors escribió una magnífica defensa del "dolce far niente" en su Oceanografía del tedio (1919). No hacer nada como objetivo vital, dejar pasar el tiempo, el estío, en la tumbona: "Yo no pienso, luego existo". El problema de esta actitud es que nos desarma frente a un mundo hostil, que sigue existiendo, en dos ámbitos a los que me gustaría referirme aquí, el político y el periodístico.

Visto desde Catalunya, el gran tema de la política española es la posibilidad de ejercitar el derecho a decidir el próximo 9 de noviembre. Las cloacas del Estado siguen funcionando, en una incomprensión secular del llamado desde hace siglos "problema catalán", y generando desafección a chorros. A lo que sería un estricto tema de democracia y de voluntad política, se le opone la constitución española entendida como un reglamento inquisitorial y el Tribunal Constitucional  actúa como cruzado contra el mal. Necesitamos desdramatizar, y analizar propuestas, mensajes positivos, de los responsables políticos, que vayan más allá de los rebuznos a los que nos tienen acostumbrados. Los problemas se solucionan, afrontándolos. Catalunya quiere ser reconocida como sujeto político, quiere que se le reconozca más y mejor un estatus propio, después de la ruptura constitucional que supuso la sentencia del tribunal constitucional del 2010 contra el Estatuto de Autonomía de 2006. Este proceso de agotamiento y de agostamiento del encaje de Catalunya en el marco constitucional no nos lo merecemos los ciudadanos de Catalunya. Llevamos demasiados años sin un orden constitucional claro y legítimo, viviendo al albur de la arbitrariedad de los gobernantes de turno. El ejemplo más claro es la situación en la que estamos, a la espera de lo que pueda pasar el próximo 9 de noviembre. Estamos mal. Muy mal. Y que nadie se ponga medallas, dentro del cainismo y del carroñerismo como grandes divisas de la actividad política.

El segundo tema al que me gustaría referirme es el de los medios de comunicación. La obsesión de la prensa oficialista madrileña es una provocación constante. El deporte nacional es el anticatalanismo, bueno mejor dicho antinacionalismo catalán, como si el nacionalismo español casposo no existiera. Ahora resulta que sólo hay una familia en toda España digna de ser portada en los medios madrileños. Una infamia. Desde Catalunya necesitamos mirar hacia el exterior, para salir del agujero, y leer prensa europea, o elaborada en general fuera de España. Ya está bien de la broma. Como en el ámbito político, el mediático se ha apuntado al pimpampum de romper la convivencia social en Catalunya. Ya lo dijeron desde altas instancias: antes se romperá Catalunya que España. Y así lo pretenden día tras día, con titulares que no expresan otra cosa que la tradicional tragicomedia española. No nos merecemos esto. Pero bueno, la autoregulación deontológica es un oxímoron, y como es sabido, el consejo del audiovisual español no se ha puesto en funcionamiento por falta de interés y apoyos políticos. Cainismo y carroñerismo otra vez. Esto es lo que hay.

Y pasará agosto, vendrá septiembre, y la casa sin barrer. O más bien sucia hasta el techo. Sin válvulas de seguridad. Nos llenaremos de imputados, de inconstitucionalidad, de más sinrazón. El Gobierno nos dirá que sigue preocupándose de los "problemas reales de los ciudadanos". El populismo continuará a tope. Y los ciudadanos a sufrir una larga crisis, moral y material, como siempre. Por lo menos, un español no será, de momento, un exiliado en potencia.


    

dilluns, 4 d’agost de 2014

Instants de bondat

Heus aquí tres instants. Tres petis i grans moments on es traspua una vivència especial
La vetlla pasqual va ser el moment en què al monestir de Sant Pere de les Puel·les em vaig tornar a trobar la germana Maria Teresa i la germana Griselda. No vaig avisar i va ser com un llampec que ens va identificar de nou en un escenari de cerimònia religiosa, però no ja a Puiggraciós sinó ara a Barcelona.
Un ambient solemne, la celebració de la pasqua de resurrecció, va esdevenir un bell moment per a simbolitzar la nova vida, i a l’hora el retrobament inesperat a mitges. L’hàbit diferent, la missa celebrada per un jesuïta amic, i al final un parlament de la mare abadessa, amb connotacions sociopolítiques. Qui creu en la vida, si nega el dret a expressar-se com a poble, no sembla gaire coherent.
Un petit refrigeri va cloure la celebració de la pasqua. Les monges es retiraren. I nosaltres també, perquè entre altres coses, havíem de tornar a L’Ametlla i la nit ja havia avançat força.
Va ser emocionant aquest retrobament. Alguns de nosaltres l’han continuat en altres moments, mitjançant el conreu del diàleg interreligiós, o de l’estada en indrets per a practicar moments intensos d’espiritualitat. La regla de Sant Benet, tan antiga i tan actual! Acollir el proïsme des del més pregon de cadascú, “ora et labora”, construir persona i comunitat, en una dimensió espiritual, plena, que no és senzill d’aconseguir.
Fa un any ja de la celebració dels vint-i-cinc anys de casament. Ho celebrarem al Santuari de Puiggraciós. Recordo la trobada posterior, plena d’intimitat i de joia compartida. Tinc un record inesborrable, com correspon a l’efemèride. A la sortida una simpàtica guineu ens esperava prop la porta...
No he pujat gaire el darrer any. Sembla una excusa el ritme frenètic de la vida actual o que els diumenges al matí surto d’excursió. Es cert, però. Pel meu sant, la germana Rosa em truca per felicitar-me. Com cada any. No ha fallat mai. I em diu que prega per nosaltres. Jo m’emociono amb aquestes paraules. Es una frase que només ella em diu. Es d’una contundència absoluta. No cal dir res mes. Prego per tu. Us tenim presents a les nostres pregàries. I jo sempre li dic gràcies, de forma seca, perquè sento la necessitat que aquestes paraules s’endinsin en mi i m’arribin al cor. Son paraules de bondat.
Heus aquí tres instants. Tres petits i grans moments on es traspua una vivència especial. De fe, de fraternitat, d’esperança compartida. Moltes gràcies per la vostra qualitat humana.

Democràcia, civisme i bondat humana

Com va dir Ryszarsd Kapuscinski, primer de tot s’ha de ser bona persona, i després es pot ser un bon professional, un bon periodista o un bon polític.
Tot i que considero que la política no és una professió ja que tot en la vida es troba travessat per la política, aquesta asseveració em sembla de total actualitat. L’acció política que sostenim ha de trobar-se centrada en el conreu d’actituds humanes positives, amb l’objectiu final de crear una comunitat de persones lliures dotades de virtuts cíviques. Les virtuts cíviques que em semblem importants son les de saber crear condicions per a la convivència social, per tal de viure en un país i no a una olla de grills. D’altra banda, els ciutadans han de gaudir de la consciència dels seus drets però també dels seus deures envers els altres.
L’ideal democràtic és deutor del foment de les actituds cíviques, i en especial d’una: no hi ha res més democràtic que respectar i fins i tot estimar els altres i el país del qual en formes part. En la terminologia de l’enyorat bisbe de Solsona, Antoni Deig, ens podríem preguntar retòricament si potser El nacionalisme és pecat?
Tampoc ens aniria malament, en l’actual conjuntura política catalana,  plantejar-nos que necessitem polítics cultes de debò, preocupats per la seva formació humana i amb sensibilitat. I encara diria més, avui em sembla urgent fer avançar la democràcia, a partir de valors i principis ètics mínimament compartits, tot superant una partitocràcia que ens ha segrestat la democràcia, tant per la deficient representació política  (llistes tancades i bloquejades) com per la baixa participació (desafecció i abstencionisme).
Avui hem de tornar a plantejar la democràcia des dels seus fonaments, i el govern del poble ha de tenir present el poble que tenim, les persones concretes que en formen part i quina és la identitat del demos. Per això, em sembla de molta urgència fer-nos una altra pregunta: avui tenim democràcia com a sistema polític que es legitima per un ordenament constitucional i unes eleccions populars, però no sé si hem acabat d’integrar en les nostres consciències la concepció democràtica. Dit d’una altra manera, el sistema polític democràtic necessita ciutadans demòcrates per a funcionar plenament i no ésser una  pantomima. La democràcia no pot esdevenir un mer procediment articulador de la governabilitat conjuntural, a curt termini. Cal atendre a la fonamentació ètica de la democràcia, que permeti elevar la qualitat dels ciutadans, per a que siguin més actius i responsables, a partir de llur consciència de pertinença comunitària. En definitiva, com ha escrit Michel Wieviorka, al seu assaig La Primavera de la política, un dels problemes més greus no es tant la crisi de la democràcia representativa, com saber copsar la reformulació d’allò polític en el complex mon d’avui. I aquesta reformulació és deutora de la urgència d’humanitzar la política, i de valorar la pertinença comunitària. 
El procés sobiranista ens ha de permetre fer propostes de reformulació de la vida política, en línia amb la millor tradició de la història de Catalunya. Si la política és també somni - a banda de gestió- per a construir noves realitat, no podem ignorar l'educació i el civisme, com a mecanismes geredadors de convivència. Avui cal tenir mínimament clar un codi de bones pràctiques d'aquells que es dediquen al bé comú, foragitant els aprofitats i carronyers, els que confonen la ploma amb l'escopeta, i els governants que apel.len a la constitució i a la "llei i l'ordre" per a prohibir-ho tot.  Fer país i construir Catalunya segueix essent la màxima divisa, malgrat les campanyes i assetjaments per terra, mar i aire que venen d'aquells que controlen l'Estat sense saber ben bé què fer en positiu.

divendres, 1 d’agost de 2014

Joan Lluís Pérez Francesch: “La persona és més persona sent cívica”

http://www.valors.org/la-persona-es-mes-persona-sent-civica/

Joan Lluís Pérez Francesch (Barcelona, 1959), director de l’Observatori de la Convivència i del Civisme de Catalunya, és catedràtic de la Unitat de Dret Constitucional del Departament de Ciència Política i de Dret Públic de la Universitat Autònoma de Barcelona. A més, és el principal responsable del Grup de Recerca sobre Llibertat (LSTE-GRUP), Seguretat i Transformacions de l’ Estat de la UAB , unitat que acaba de presentar  el projecte: Observatori de la convivència i del Civisme a Catalunya. Dins l’àmbit universitari també ha estat Síndic de la Facultat de Dret de la UAB,  secretari de la mateixa Facultat, delegat de la rectora per a estudiants i actualment és coordinador de comunicació. Actualment publica articles d’opinió a diversos mitjans de comunicació i participa a la ràdio de casa nostra. Entre els llibres publicats destaca ‘Virtuts humanes per a la vida pública’ (2010), ‘Llibertat, seguretat i transformacions de l’estat’ (coord) (2009), ‘Per una política humanista (2008) i ‘La política explicada al meu fill’ (2006).  
Ens rep al seu despatx de la Facultat de Dret de la Universitat Autònoma de Barcelona. Es nota, per la imatge del campus (pancartes i pintades de protesta a les parets, la majoria contra les “retallades”) que ha estat un curs mogut. En aquesta època de l’any, però, hi ha calma. Els estudiants estan fent els darrers exàmens i ja pensen en les vacances.
Sovint parlem de civisme com a respecte a l’espai públic, aquesta visió del civisme és massa limitada?
Sí. A més, sovint parlem de civisme fent referència exclusivament a les actituds incíviques. És a dir, habitualment tenim més en compte la part negativa del concepte que la positiva. Per concebre un idea àmplia del terme cal anar a buscar l’origen etimològic del terme: l’home civilitzat és aquell que se sent membre i part d’una ciutat i, en conseqüència, gaudeix de drets i deures del fet de formar-ne part.
Però hi ha més…
Sí, a partir d’aquí, hem de tenir en compte l’ideal republicà i el concepte de “res publica” (cosa pública). Hi ha coses públiques i coses privades. Dos móns separats i dues formes, en principi, diferents de comportar-se. I, finalment hi ha l’ideal comunitari -que va més enllà de l’ideal societari- el qual ens permet passar del jo al nosaltres i que es bàsic en relació al terme civisme.
Per tant, la lectura actual que generalment fem del concepte és minsa.
I, insisteixo, massa negativa. Només castiguem aquell que no té civisme, però, no fem una lectura positiva del terme. Fem ordenances de civisme per ordenar el desordre de la via pública però el civisme és un concepte molt més ampli, profund, filosòfic, antropològic i jurídic.
I per què aquest discurs negatiu?
Quan no se sap què fer, és més fàcil primer tenir en compte allò que no funciona. En canvi és molt més complicat fonamentar un discurs basat en les virtuts humanes, en el bé comú, en la construcció de la persona en profunditat i treballar valors com el respecte vers els altres o la tolerància.
Vostè ha escrit: “L’home ha d’espirar a ser un esser cívic”. És una obligació?
Dins aquesta concepció, per una banda republicana i, per altra banda, comunitarista de l’home, la persona esdevé més persona sent cívica. Això vol dir que hem d’assumir que a la vida no tots són drets, també hi ha deures. I, de fet, si una reflexió col·lectiva tenim pendent en el segle XXI és sobre els deures cívics: què puc fer jo per compartir la meva vida amb els altres? Què puc fer jo per construir un país de qualitat? Què podem fer per construir ciutats tenint en compte les persones? És evident que els conflictes s’han de gestionar, però la gestió d’aquest no pot ser el punt de partença de la construcció d’una comunitat. S’ha de construir un discurs ètic sobre civisme molt més profund. I, en aquest sentit, el relativisme ètic, un dels problemes de la nostra societat, moltes vegades dificulta aquesta gestió. En definitiva, jo estic convençut que venim en aquest món per esdevenir cívics, sinó vol dir que acceptem la corrupció, el sectarisme o l’egoisme, elements existents a la societat actual.
Per tant, caldria recuperar les anomenades virtuts cíviques.
Evidentment. Penso que hem d’aplicar les virtuts humanes a la vida pública. Hem de tornar al discurs de les virtuts humanes, allò que, per exemple, havíem après nosaltres o els nostres pares en el catecisme. En el nostre objectiu hauria de ser esdevenir virtuosos en la societat i construir una societat a partir de les virtuts humanes. Sense virtuts no és pot construir una societat comunitària, ni sense un mínim comú denominador. I és que, no podem perdre de vista que en el fons, al darrera de la reflexió sobre el civisme, hi ha la convivència.
Quina és la relació existent entre els termes: civisme i convivència?
El gran drama de la història de la humanitat des que l’home té consciència ha estat no saber conviure. Les guerres i els conflictes, des dels locals fins als mundials, són conseqüència de les dificultat de convivència. Si millorem la convivència amb virtuts humanes –des de l’espai privat (la família) fins a l’espai públic– després podrem mirar de fer un discurs positiu sobre el civisme.
Si voleu llegir l’entrevista sencera, acudiu als nostres punts de venda o compreu-la directament al nou iQuiosc.cat.