dilluns, 17 de setembre del 2012

Opinando sobre el camino jurídico de la independencia...(2)

http://www.20minutos.es/noticia/1585767/0/cataluna-secesion/independencia/mayoria-negociacion/


Muy complicada, pero no imposible. La secesión de Cataluña, no recogida en la Constitución, podría, sin embargo, llevarse a cabo si concurren tres factores: una mayoría cualificada, la negociación con Madrid y el apoyo de la Unión Europea y la comunidad internacional. Tras la manifestación independentista del pasado 11-S en Barcelona, que reunió a más de un millón de personas, varios expertos en derecho constitucional y ciencia política nos explican cómo podría andarse el camino hacia una República catalana y las consecuencias de realizar ese viaje.

1. ¿Es viable que Cataluña se independice?

"Si el 60% de la población de Cataluña optase por la independencia, el proceso sería irreversible, diga lo que diga el derecho. Una democracia debe escuchar una opinión tan mayoritaria", asegura Cesario Rodríguez Aguilera, catedrático en Ciencia Política de la Universidad de Barcelona (UB). En su opinión, aunque desde el punto interno la secesión no sería posible sin una reforma constitucional, desde el externo, todo dependería de la actitud al respecto de Europa y de la comunidad internacional.
Si el 60% de los catalanes optasen por la independencia, el proceso sería irreversible, diga lo que diga el derecho. Coincide con su planteamiento Joan Lluís Pérez Francesch, profesor de derecho constitucional de la Universidad Autónoma de Barcelona (UAB), que considera que pese a que la Constitución española está blindada frente a la secesión, en el derecho internacional hay mecanismos para hacer un referéndum en Cataluña apelando a la autodeterminación y al derecho a decidir. "Jurídicamente es complicado, pero es posible siempre que haya una mayoría y que se negocie. Comportaría un problema de relaciones con España y, por lo tanto, habría que negociar con ella", explica.
El director del Instituto complutense de derecho parlamentario, de la Universidad Complutense de Madrid, Javier García Roca, también cree que en democracia la regla básica es la soberanía popular y que "un millón de personas, la opinión del pueblo, merece respeto". Sin embargo, añade que el único legitimado para convocar un referéndum en Cataluña, al estilo de Quebec, es el Gobierno central. "Y si la situación sigue así, Madrid no tendrá más remedio que convocarlo", explica, aunque espera que, antes de llegar a ese extremo, los partidos hagan un ejercicio de autocrítica y  expliquen las ventajas de la integración nacional.

2. ¿Qué fórmulas podrían usarse?

Referéndum consultivo en Cataluña: El proceso consistiría en que el Gobierno central convocara un referéndum consultivo en Cataluña y autorizara a la Generalitat para conocer la voluntad de sus ciudadanos. "Si ganase el sí a la secesión, se abriría un proceso de reforma constitucional para reconocer el derecho de autodeterminación", afirma Rodríguez Aguilera. Este sistema se basaría y apoyaría en una sentencia del Tribunal Supremo de Canadá que reconoce el derecho a convocar un referéndum con una pregunta clara, plenas garantías y una mayoría cualificada, según el profesor García Roca.
Referéndum consultivo en toda España: El Gobierno también podría convocar el referéndum consultivo a nivel estatal. "No es tan evidente que los españoles votasen en contra de la secesión de Cataluña. De hecho, hay más ingleses que escoceses a favor de la independencia de Escocia", sostiene el catedrático de la UB. No es tan evidente que los españoles votasen en contra de la secesión de Cataluña
Declaración de independencia y referéndum de autodeterminación: "Este método siempre es fruto de una ruptura y suele ser violento, complejo y duro", asegura Pérez Francesch. El parlamento catalán haría una declaración unilateral de independencia y convocaría una referéndum de autodeterminación al amparo del derecho internacional, por lo que debería existir una mayoría muy amplia a favor de la secesión. Después comenzaría la construcción del Estado, y de una constitución y de leyes propias.  "Si el Gobierno central no negociara, sería muy complicado. Todo dependería del apoyo de la Unión Europea para que le de legitimidad. Un proceso tan contundente, si no se hace con sentido común, es complicado y poco beneficioso, sobre todo en tiempos de crisis ", añade.
Independencia-asociación: "La independencia no siempre tiene que significar que Cataluña se vaya del todo de España", explica Pérez Francesch. Esta fórmula consistiría en que Cataluña gozase de autogobierno y luego se asociase libremente al Estado español, como en el caso de Puerto Rico y Estados Unidos.

3. ¿Qué consecuencias cabría esperar?

"Tras la secesión, Cataluña sería un nuevo Estado en Europa, pero no en la Unión Europea porque quien está en ella es España. La República catalana tendría, por lo tanto, que pedir su ingreso y esperar a la cola varios años hasta conseguirlo", argumenta Rodríguez Aguilera, que opina que las consecuencias políticas serían severas.
No creo que la secesión catalana provocase ningún efecto en los vascos¿Y quién pagará la pensión a una persona que haya cotizado 25 años a la Seguridad Social en Cataluña?. Este es uno de los interrogantes que se hace Peréz Francesch sobre las consecuencias económicas de la secesión. "Tendría que haber una etapa transitiva de adaptación al nuevo Estado. Entonces se resolverían problemas como éste o cómo se reparte la cuota de solidaridad o los bienes de España en Cataluña, como las delegaciones del Gobierno", declara. De hecho, los expertos coinciden en que "la independencia de un país de siete millones de habitantes sale carísima", como asegura García Roca. "Hay que crear un ejército propio, embajadas y representación internacional, para empezar. Los partidos deberían dar esa información a los ciudadanos", sostiene.
Sobre la posibilidad de que la independencia de Cataluña provocase un efecto dominó y animase a otras autonomías, como el País vasco, a seguir sus pasos, el profesor de derecho constitucional es tajante: "Euskadi ya es, de entrada, insolidaria, así que el tema económico es muy diferente al de Cataluña, como también lo son las bases de su idea de país. No creo que provocase ningún efecto en los vascos", calcula.

Opinando sobre el camino jurídico de la independencia...

dimarts, 28 d’agost del 2012

La política de l'esperança


Una de les notes més significatives de la conjuntura actual al nostre país és la desesperança. Asfixiats per la crisi econòmica, les retallades, l’atur, el cost de la vida cada cop més enfebrat, les dificultats per a viure amb dignitat una part important de la població, tot plegat està fent estralls a la ciutadania. Avui dominen el desànim i la desconfiança.

El desànim davant la crisi econòmica i moral que ens envaeix, i la desconfiança envers els gestors dels afers públics, perquè tot i que com passa sempre paguen justos per pecadors, hi ha cada personatge en el circ mediàtic de la “classe política” que és per a llogar-hi cadires! Cal un regeneracionisme moral, n’estic convençut, i foragitar els desaprensius que ens xuclen la saba d’aspectes tan importants per una comunitat nacional com ho són el lideratge, l’actitud de servei i la bona fe en la donació de la vida per als altres.

Catalunya és una nació. I ho seria de molta més qualitat, si no fos per les actituds sectàries que no ens deixen viure des del mínim comú denominador. Una nació necessita compartir valors i actituds, i a Catalunya la integració mitjançant la llengua i els lligams comunitaris és vital. El sectarisme no ens deixa acceptar mínims comuns denominadors, ni lideratges, especialment en moments crítics com el present. I així ens va. No podem ésser tan estúpids com per a deixar-nos destruir per nosaltres mateixos. Ens cal refermar el sentiment d’unitat: “et pluribus unum”. En altre cas, només obtindrem feblesa, desconfiança entre nosaltres, visions esbiaixades i paranoiques d’una realitat que és tossuda, poc mal·leable, per no dir dura com una pedra. O anem junts o no farem res de bó. I cadascú al seu lloc. Què és això de pensar que quan més radical és una proposta és més adient?  Quina tonteria voler liderar un procés polític des de posicions de poca representativitat! Per sort l’època del tripartit ja ha passat!

Catalunya necessita lideratges forts i potents moralment. I aquest ha de venir de la majoria política i amb el suport de les altres forces polítiques i socials. D’aquesta manera es podrà treballar amb èxit per tal de fer una política de l’esperança.

Tot i que en contextos ben diferents, recordo l’any 2009. La presa de possessió del president Obama, va ser un autèntic bany de multituds a Washington. Quin carisma i capacitat de lideratge va saber aixecar en aquell moment! Obama parlava de “nosaltres", el famós “Yes, we can”, un discurs transversal per a la nació americana. Obama representava així la política de l’esperança, que potser s’ha esvaït per la dificultat de la dura gestió del dia a dia. Recordo també el 2003 al Brasil, Luiz Inácio Lula da Silva, aparegué –salvant les distàncies- com el símbol d’una nova manera de fer política, més propera a les persones, més preocupada per les necessitats immediates i fins i tot urgents de la gent, com ara fer front a la fam.

Hi ha moments en la història que determinats líders posen en relleu una nova manera de fer les coses, com ho han estat també per exemple,  Vaclav Havel a Txèquia o Lech Walesa a Polònia. En tos els casos, hi ha un esforç per tal de prestigiar la política, i una aposta per a fer retornar l’esperança, una esperança que comença per poder garantir uns mínims vitals dignes a la ciutadania. Un nacionalisme personalista.

Què Déu beneeixi als polítics amb aquestes capacitats! N’estem molt necessitats a casa nostra. Ens calen polítics i ciutadans que entenguin i respectin a les majories polítiques, i que no obstaculitzin per interessos partidistes la revindicació nacional; la més important de totes: la política de l’esperança per a totes les persones.






dilluns, 6 d’agost del 2012

Robinson Crusoe a casa

Certament la vida s’ha posat molt dura: crisi econòmica - amb la conseqüent crisi moral- , retallades a dojo, el cost de la vida pels núvols, la feina és un bé escàs, i qui en té ha de viure amb dificultats, perquè et demanen molt més a canvi de menys... Em sento maltractat, ningunejat, i això que hi ha gent que està molt pitjor que jo. No dubteu que estic disposat a fer molts sacrificis, però tinc la sensació que estem ja tocant el moll de l’os. Una societat com l’espanyola, amb uns índexs tan elevats d’atur, amb un deute privat i públic estratosfèric és un fracàs espectacular, jo diria que insòlit, fins al punt que l’ètica racional –la que mena al bé comú- podria ben bé portar-nos a concloure la seva dissolució, juntament amb l’organització estatal corresponent, absolutament inútil.
No entenc on anem. Veig que ens anem enfonsant. Un desastre. Les mesures que es prenen pels diferents responsables públics són agressions directes als drets de les persones, i qualsevol argumentació no serveix de res perquè només hi ha la necessitat de gestionar la misèria econòmica. Les mesures que afecten els assalariats púbics i privats, dictades darrerament, per la via del Real Decret-Llei són directament animalades inconstitucionals, que en altres contextos no haguessin prosperat o ni tan sols s’haguessin proposat.
Però la Política amb majúscules ja fa anys que va desaparèixer, i actualment s’ha instal•lat sense preàmbuls en el sectarisme de partit i de grups d’interès. A més, com que l’únic de que interessa – per urgència- es l’economia, el debat sobre els interessos generals s’ha centrat en aspectes com les transferències, la liquiditat, el venciment d’actius financers, i altres elements propis del món de les finances. La gestió pública s’ha convertit aleshores en un exercici de la capacitat per a generar més i més malestar a la ciutadania, que viu en estat permanent de desconfiança i de por.
El profund malestar es dona en les relacions verticals, es a dir, entre la ciutadania i els gestors públics, però també en les relacions horitzontals o interadministratives, com es el cas de Catalunya, espoliada i munyida per l’Administració central fins a les darreres conseqüències, això si, per a glòria insolidària dels territoris del nord peninsular, que van al seu aire amb el concert i el conveni econòmic. Un despropòsit tan gran que sembla que no pugui ser entre gent civilitzada.

Avui em sento com un Robinson Crusoe a casa meva. I reivindico el dret a la civilització, de la que vull ser hereu: I també exigeixo –potser com una il•lusió- que em deixin en pau, que parin de molestar-me. Recordo el “right to be alone” si més no unes hores: prou de notícies negatives, parcials i sense sentit global als mitjans de comunicació, un món exterior que només arriba a l’esfera de la meva privacitat com amenaça permanent, com una obsessió, com una mena de lenta agonia. N’estic fart de tant negativisme informatiu, sovint amb titulars sensacionalistes que a banda de generar por i paràlisi no sé ben bé per a què poden servir.
Observo en tot cas que la crisi econòmica ens està fent perdre de vista els paràmetres de la civilització que són els de la racionalitat. Prou de la imposició de decisions dels mercats, prou del desgavell informatiu dels mitjans de comunicació, prou de l’absència de limitació del poder polític, prou de la manca de respecte als drets humans de les persones. L’Estat de Dret, construït en els darrers dos segles, sembla desaparèixer una mica cada dia. No hi ha drets adquirits, ni seguretat jurídica, ni drets de les persones en el marc d’una estabilitat vital mínima. No tan sols s’està reconfigurant l’anomenat Estat del Benestar. És l’Estat de Dret el que està en perill. Tot està sotmès, sense límits, a la provisionalitat permanent, i als condicionaments de la economia del dia a dia, que ho es absolutament tot.
Una economia que es mostra a base de “retallada per aquí, retallada per allà”. No per plaer sinó per necessitat, en ocasions per manca de liquiditat i en altres per una herència de jutjat de guàrdia. La prima de risc en la ment de tothom. La dictadura dels mercats financers no ens deixa viure. La gestió del dèficit públic esdevé insostenible. La crisi del deute sobirà –qui pogués ser avui sobirà per a gestionar-se el propi deute!-, ens amenaça de mort dia rere dia. Tots aquests factors incideixen a la vida real de les persones, ciutadans i ciutadanes d’aquest Estat que en diem Espanya. I em pregunto un cop més on és la Política - sí, així amb majúscules- , i com pot ser que en el si de la Unió Europea no sigui possible tallar d’una vegada aquesta sagnia lenta però segura de la crisi de l’euro. Hi ha la voluntat real de fer alguna cosa útil? Es impotència? Potser ja n’hi ha prou. Això no és joc sinó una greu responsabilitat de les més altes instàncies estatals i supraestatals. Demano responsabilitats polítiques i jurídiques. És la civilització.
Vull reivindicar el dret a l’esperança. Se’m fa difícil. Em preocupa la joventut d’aquest país, la més preparada de tota la història. Els que ja tenim uns anys i hem viscut sempre sota la cultura de l’austeritat, com ens van ensenyar els pares, notem que la situació actual és una autèntica injustícia. Caldrà tornar als principis i dir que ningú té dret a destruir l’esperança de la gent, de les persones i del país, ni a fer recular d’aquesta manera els drets bàsics de les persones. Ni els mercats, ni els inversors, ni els poders públics (o impúdics?) estatals o supraestatals (si és que existeixen!). Bon agost. Uf!

dilluns, 30 de juliol del 2012

REGENERAR LA POLÍTICA

Vivim un temps de descrèdit de la política i dels polítics. No es nou. Però s’ha accentuat per culpa de casos de corrupció, d’escàndols urbanístics, o de desviació de diners públics. El mot “desafecció”  al·ludeix a la possible desvinculació de Catalunya en relació a Espanya per obra i gràcia dels problemes del finançament, i com a referència a la distància entre governants i governats. Li podem dir de moltes maneres. La realitat és que avui hi ha una notable crisi de la política i dels polítics. Les darreres mobilitzacions populars així ho han posat de manifest.

Els poders públics dirigits per polítics professionals no acaben de sintonitzar amb el ciutadans un cop s’han fet servir les eleccions per a legitimar el sistema. Aleshores podríem afirmar que tenim un sistema polític democràtic però que caldria aprofundir molt en la qualitat de la democràcia tant en l’àmbit institucional com social i en especial en tot allò referent a la qualitat humana de tots plegats. Només així es podria passar d’una “democràcia governada” a una “democràcia governant” en la qual la ciutadania tingués un paper més actiu. Sovint, en canvi domina el  protagonisme de grups subvencionats o de xarxes clientelars. D’altra banda, és relativament fàcil dedicar-se a la política sense gaire “control efectiu de qualitat”. Hi ha de tot, però també es cert que trobem persones que fa anys i panys que estan enganxades al pressupost  públic, sense estudis o coneixements específics, tot esperant una bona jubilació com a màxima meta de la seva vida.

Que la democràcia és manifestament millorable es pot observar també en el grau de sectarisme amb què s’exerceix el poder. Com que els representants no son escollits nominalment sinó en el marc d’unes llistes, el gran valor a fomentar és la fidelitat a la llista. A més, el control de la informació – aquesta sempre implica poder- mitjançant el control dels mitjans de comunicació, amb diners públics, fins i tot, mostra una tendència que no es de rebut.

Avui ens cal testimoniar virtuts cíviques. Tenim grans exemples de persones que han donat la vida per un ideal i que han servit de tot cor la causa del seu poble, ciutat o país. Per tal d’honorar aquells que han fet i fan el bé, identifiquem i expulsem de la vida política corruptes, prepotents, incultes, acomodats i altres desaprensius que potser tenim ben a prop.

dimecres, 27 de juny del 2012

LA TOXICITAT INFORMATIVA


Us he de dir que estic com traumatitzat per tantes notícies negatives que ens transmeten els mitjans de comunicació. Be de fet només n’hi ha una de noticia: que l’economia va malament i que no se sabem o no es poden prendre mesures per a millorar la situació.

A mi abans m’agradava molt llegir el diari, i si no el podia llegir al matí el llegia a la tarda o al vespre, cada dia. I en general, les notícies de la televisió o de la ràdio també em resultaven atractives. Però ja fa un temps que em provoquen una mena de reacció entre la nàusea i la por. No hi ha notícies, només relats negatius, amenaçadors, desconcertants.

El negativisme, tot i que pot reproduir una situació real, genera també un estat d’ànim. I això em preocupa. Aquí ningú es fa responsable de les conseqüències de tant llenguatge negatiu – de fet sembla que tot va malament menys “la roja; és a dir, el circ mediàtic esportiu  i el negoci que el segueix-.

Voldria reivindicar més rigor en l'elaboració de les notícies, perquè tinc la impressió que els fets que es narren –sovint futuribles- es gestionen per professionals que no tenen la suficient formació. Així es genera confusió, suposo que en ocasions fins i tot intencionadament. D’altra banda, voldria que n’hi hagués més sentit de la responsabilitat, i que amb més coneixement de causa de les coses que ens passen, es pugues informar millor i amb més respecte a les persones. 

En el fons del desgavell informatiu actual hi ha el perill de provocar desànim, desmoralització, i així impedir el desvetllament necessari de les persones que vivim ofegades per la pressió informativa o desinformadora, fiscal, financera, econòmica, etc. Una pressió que desarma la persona, la deixa inert, somorta. Si hem passat de les hipoteques per a viure tranquils, al malson dels actius tòxics hipotecaris, no podem deixar que ens intoxiquin ara amb unes informacions gestionades per qui no té la suficient formació al darrere per a donar un missatge mínimament encoratjador a la ciutadania. Aquesta és una greu responsabilitat.

dissabte, 9 de juny del 2012

PERSONA, JUSTÍCIA DISTRIBUTIVA I CRISI COMUNITÀRIA



I
L’actual crisi econòmica, financera, social, humana en definitiva, ens permet aportar reflexions des de la perspectiva personalista, perquè tot aquest conjunt de condicionants està afectant la mateixa configuració de la persona humana, polièdrica per definició. Avui ens cal defensar un model d’ésser humà obert a l’espiritualitat i a la transcendència com a nou paradigma per tal de superar el materialisme, el consumisme, la immanència o el relativisme moral que ens han portat a l’actual carreró sense sortida. Cal que en diem prou, en nom de virtuts humanes profundes i de valors basats en la justícia social i en la justícia distributiva, des d’una concepció comunitària i fraternal, i per tant menys individualista.

La situació actual ens dona peu a reivindicar el principi de solidaritat, tot posant èmfasi en la persona, la societat i els vincles comunitaris. Així, passaríem de l’estat del benestar a la societat del benestar. Avui el benestar caldrà cercar-lo novament en els lligams comunitaris, en les societats mútues, en l’ajuda caritativa, si més no com a complement d’un estat que ja no podrà portar a terme les funcions d’altres èpoques. Cal que ens adonem que les coses no seran mai com abans. Mal que ens pesi. Fugim de demagògies estèrils i d’estertors frustrants. Avui, diguem-ho clar, hem de fer de la necessitat virtut i redimensionar l’estat. On s’ha vist que l’estat hagi de fer de tot, i menys si no hi ha diners!

Per tal de superar la lamentable situació en la que ens trobem, necessitem persones emprenedores, a l’estil de la bona burgesia de casa nostra. Persones responsables, es a dir, conscients del deure de retornar a la societat els beneficis que es puguin produïr per l’activitat industrial, comercial i mercantil. Avui precisem també persones amb un profund esperit cívic, que defensin un ordre de valors per la convivència en llibertat, un ordre “republicà” que si cal sigui imposat mitjançant les estructures de l’estat democràtic de dret. I penso que també és imprescindible un sistema fiscal just, deferent amb persones com les que acabo de dir, que superi l’actual “voracitat”, que se sembla més al meu parer a un “mandarinat” que a un ordre transparent per garantir una autèntica distribució de la riquesa. Encara hi ha algú avui que es cregui que “Hisenda som tots?”.

L’estat, a casa nostra, necessita augmentar molt la transparència administrativa (recordem que l’administració a l’estat espanyol es construeix al voltant del rei i en contra del ciutadà i que aquest element és una mena de subconscient col·lectiu que cal foragitar). Les “bones pràctiques” administratives posen de manifest que els poders públics també poden ser incívics i maltractar innecessàriament al ciutadà (avui sovintegen codis de bones pràctiques per tal d’orientar en una millora del servei que les administracions han de donar a les persones). El ciutadà ha de ser tractat com a contribuent que vol saber què es fa amb els diners que paga per a sostenir la “casa comuna” (i no com a contribuent no ciutadà, que com que paga impostos ja no cal que s’interessi per res més). Un contribuent no ha de ser tractat com un delinqüent en potència (per exemple, avui es castiga amb una multa el mer error de transcripció de xifres en una declaració!). D’altra banda, cal perseguir de forma creïble el frau fiscal –barreja de quixotisme i picaresca a l’espanyola-, i sobre tot em sembla urgent adoptar mesures de conscienciació de la idea de que allò que un ciutadà no paga ho paguem entre tots (o es que hi ha algú que pensi que l’incivisme de no pagar o fins i tot l’insubmissió del “no vull pagar” és gratis?).

En aquest retorn a la vida comunitària voldria posar l’èmfasi en dues actituds per a mi deplorables. Una és la “mera indignació”. Considero que indignar-se pot ser una actitud moral però no una forma d’obtenir un tracte de favor. Jo m’indigno i aleshores m’han de tractat de forma privilegiada a la resta de ciutadans no indignats? O sigui que només puc acampar a la Plaça Catalunya si estic indignat? Això no pot ser, perquè penso que s’allunya dels paràmetres civilitzats i entra dins de la mera provocació, que potser és el que es persegueix per alguns, ni més ni menys. L’altre actitud que és per a mi inacceptable és la confusió entre declarar-se “antitistema” i fer el brètol. Penso que ser antisistema (quans antisistema hi ha que no depenen en res ni tenen res a veure amb el sistema?) és una qüestió pròpia de la llibertat de pensament, molt respectable, però que no  té res a veure amb accions de tipus delictiu o incívic (és una actitud antisistema omplir les parets de grafits o cremar contenidors durant una manifestació?). No ens deixem enganyar per gent que s’aprofita de les circumstàncies per a adoptar actituds extremes, dins el principi “quan pitjor millor”. El “sistema” – molt i molt millorable- ha de reaccionar, amb la claredat suficient: una cosa és l’exercici dels drets i una altra molt diferent cometre delictes o actes incívics que han de ser reprimits sense contemplacions. És de justícia, i en benefici de tots.

II

En el camí cap a una major justícia distributiva, en el marc de l’establiment de més llaços comunitaris, no podem perdre de vista la importància del control fiscal. Cal que recordem que un bon servei d’inspecció i de control dels tributs ha estat al llarg de la història molt útil per tal de descobrir delinqüents tant destacats com Al Capone o Fèlix Millet. En ocasions, ha estat més determinant que no pas la policia o els jutges per a descobrir malfactors.

En aquest punt hem d’esmentar l’alt índex de frau fiscal que hi ha a l’Estat espanyol, una autèntica indecència: entre un 23-25% del PIB està fora de control, mentre que la mitjana europea és d’un 13%. D’altra banda, augmenta progressivament la pressió fiscal amb la intenció d’assimilar-se a la Unió Europea, però no es té en compte que ni els sous són iguals, ni el ritme d’increment d’aquesta pressió.

També ens trobem amb la regularització el diner “negre” aprovada darrerament pel govern del PP, així com altres elements com el blanqueig de diner provinent de la bombolla immobiliària que ens ha esclatat a tots i ha beneficiat a uns quants. Per no dir l’existència d’un segment de productes de luxe, que celebren les seves fires i exposicions, sense el més mínim rubor. Paral·lelament, els paradisos fiscals segueixen existint per a les grans fortunes,amb total normalitat.

Amb això ens arriba la crisi del “deute sobirà” en el marc dels estats de la zona euro, el descobriment del gran poder dels mercats i dels mercaders –fins i tot per damunt dels estaments públics que no s’atreveixen a regular res-, les conseqüències de l’absència d’una política econòmica comuna a la zona euro, i altres aspectes que em fan preguntar: quin és el paper de l’estat, avui? Un estat subordinat als mercats, un estat que necessita aquests mercats per a sufragar deutes i per tant una situació que posa en dubte el principi del poder hegemònic dels poders públics. Si l’estat és un entramat institucional que exerceix un poder hegemònic, és a dir, sobirà, la situació actual ens permet afirmar que aquestes categories s’han relativitzat molt, per no dir, que han desaparegut. I això ens mena a un nou paradigma per a reflexionar sobre la política, la democràcia, i  l’estat de dret.

D’altra banda, sorgeix la pregunta: qui controla al fisc? Es clar que el poder judicial mitjançant les regles de dret, tot i que no sempre és del tot possible, davant la voracitat fiscal, de les normes i de llur aplicació.  I la discrecionalitat administrativa apareix aquí com en altres àmbits de la vida: son tractats els clubs de futbol amb igualtat de condicions que d’altres societats o empreses?

Avui podem afirmar que el control del compliment de les normes fiscals genera por (la por a l’imperium que caracteritza el poder polític, a l’estil del Leviatán de Hobbes). Més por que seguretat jurídica. D’altra banda, la funció redistributiva dels impostos es pot veure malmesa en el context de les “retallades” pressupostàries, atès que no hi ha diners per arribar a una prestació en les mateixes condicions que abans en aspectes com la sanitat o l’educació, camp abonat per a les queixes demagògiques d’alguns. Aleshores ens plantegem què cal fer quan no arriben els impostos per a satisfer els serveis que s’han de prestar, amb la corresponent resposta: o reduïm serveis o augmentem els tributs directes o indirectes, i les taxes per a cobrir els esmentats serveis.

Una altra pregunta que em faig és: què es pot fer quan s’han inflat amb duplicitats, ineficiències, i amb un dèficit insostenible els pressupostos públics? Algú hauria de ser responsable de la pèssima gestió dels afers col·lectius. Ningú es vol fer responsable de les condicions que han portat a la situació actual, i fins i tot alguns tenen la poca vergonya de manifestar-se contra algunes retallades en sectors que ells havien gestionat fins fa pocs mesos. Inaudit!

Finalment, també voldria posar l’accent sobre l’anomenat “oasi català”: el fet diferencial català, derivat de la condició de nació sense estat propi, no ens pot fer ignorar aspectes tan vergonyosos com el cas Millet, els casos de corrupció urbanística destapats els darrers anys, l’existència d’una societat civil subvencionada o l’elevada “desafecció” entre la ciutadania i els dirigents polítics.





III

Del conjunt de les idees anteriors en voldria extreure dues conclusions:

1.- Avui ens cal evitar tot tipus de frau fiscal (de treballadors i d’empresaris), i superar la cultura del “gratis total”, inèrcia molt negativa perquè genera actituds passives i poc emprenedores.

2.- L’estat social i del benestar d’avui intenta redistribuir la riquesa, però podria fer-ho amb més justícia. Quan ens plantegem millorar l’estat del benestar sempre surten els partidaris d’allò que podríem anomenar el sistema “Robin Hood” (robar els rics per donar els pobres), demagògia que només serviria per a enfonsar un país en la més absoluta de les misèries.

La millora de l’estat del benestar caldrà fer-la amb criteris estables, que permetin desenvolupar la riquesa, que no estigmatitzin la iniciativa privada, que no castigui perquè si el fet de “tenir coses” (dret de propietat), estalviar, projectar-se a la vida mitjançant pertinences (perquè forma part també de l’ésser, com ha desenvolupat la doctrina social de l’església), sense un fisc amb esperit confiscador, sense pretendre igualar tothom en la pobresa, sinó garantint a tothom un mínim existencial digne.

La justícia social ha de construir-se sense odi, des del dret, amb normes justes, amb respecte a les persones i les seves circumstàncies. El retorn a la comunitat ha d’afavorir el sentit de justícia entre els seus membres. I la justícia com a valor i virtut humana és material i espiritual. Només així comprendrà tots els ressorts de la vida de cada persona.

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