dimarts, 20 de gener del 2026

Juan Manuel Burgos Ética de la persona. EUNSA. 2025.

Para un jurista como yo, interesado en temas de base moral como el civismo y la convivencia, es un placer reseñar este libro, un tratado del profesor Burgos titulado Ética de la persona. El mismo día que a mi mujer le roban el bolso, con los inconvenientes que esto supone, comienzo el libro, cuyas primeras páginas hablan del bien y del mal. Nos dice el autor en la presentación: “El misterio del bien y del mal atenaza toda vida humana” (p. 13). En efecto, así es para toda persona razonable que precise una fundamentación moral, unos principios éticos que le den sentido a la vida. 

El autor sostiene una ética personalista, siguiendo a Von Hildebrand y a Guardini, pero sobre todo a Karol Wojtyla. Se trata de una ética basada en la experiencia de la persona, definida como personalismo integral, con el objetivo de alcanzar el ordo amoris agustiniano como plenitud ética.

Ética y moral pueden tener sentidos parecidos, pero siempre muestran y enmarcan la vida humana, un camino peculiar e irrepetible (p. 25), entre las virtudes y los vicios. Distingue los tipos morales ideales y las actitudes de las personas concretas, las cuales se trasladan a la configuración social por medio de la implicación vital en aras de la consecución del bien común general o sectorial. Para el autor, la ética se da en cada concreta acción humana libre, en la medida en que el hombre se busca a sí mismo y se construye como persona. Defiende una perspectiva integradora con las perspectivas aristotélico-tomistas, kantianas, de Scheler o Von Hildebrand, esto es, las tradiciones compatibles con la ética realista (p. 31), para sostener aquel personalismo integral, inspirado en la ética personalista de Wojtyla, plasmado en diversos trabajos anteriores suyos. Afirma la necesidad de conocer el contorno en el que se mueven los actos humanos, la experiencia real, la cual contiene una parte importante del conocimiento ético: la experiencia moral es la experiencia del bien y del mal (p. 47) como hechos objetivos que son aprehendidos por medio de una inducción comprensiva, que llamamos noción.

El profesor Burgos sostiene la continuidad entre esa experiencia y la filosofía moral. Siguiendo a Maritain, recuerda que “la gente no ha esperado a la filosofía para tener una moral” (p. 61). La ética es una disciplina práctica normativa, indicándole al hombre cómo debe actuar para que sus acciones sean buenas, esto es, para ser virtuosos (Aristóteles). Por ello tenemos grandes retos morales de difícil solución, como la existencia de una ética mundial o el reconocimiento universal de la ley natural.  Los principios generales se han de plasmar en acciones humanas concretas, con toda la diversidad que ello comporta. La ética ofrece a través de normas la objetivación de la verdad sobre el bien (p. 70), en señalar al hombre lo que es bueno y malo para que elija bajo su responsabilidad, así como el porqué de la maldad o bondad de las acciones humanas (siguiendo a Wojtyla). Es en este contexto de libertad que el hombre se autodetermina moralmente y se construye como persona. Y aquí aparecen los límites de la identidad del sujeto y de la realidad moral, que son puestos en duda por el relativismo ético de nuestros días, que nos arrastra a la perdida del sentido objetivo de la acción humana y que está en la base de la confusión entre verdad y opinión, así como a la justificación exclusivamente afectiva de las acciones humanas en el actual mundo polarizado.

En todo caso, la norma moral siempre nos guía por el camino del bien o del mal, construyendo así nuestra personalidad. Tanto la libertad de acción como la conciencia de la misma nos permiten gozar de la capacidad para emitir juicios morales, en la línea de la responsabilidad, satisfacción, mérito, culpa o remordimiento. El autor sostiene una diferencia nítida entre el bien, el placer y lo útil. El bien moral, siguiendo los planteamientos tomistas se aleja de la justificación de las acciones humanas en esas dos últimas razones. Rechaza la tesis de Scheler sobre la imposibilidad de buscar la bondad, siendo por el contrario a su juicior la esencia del camino ético (p. 145). ¿Esto significa que hay opciones morales absolutas dadas por una fuerza externa y transcendente al sujeto? No necesariamente, puesto que también los ateos pueden sentirse vinculados a normas morales. Así, la transcendencia no es sólo la referencia a Dios o a la religión, sino que puede darse en una perspectiva humanista, basada en la dignidad de la persona humana y los derechos que le son inherentes. Esta es la apuesta de Maritain o de Sartre, desde planteamientos muy diversos.  

Se analiza el concepto de valor, definido como “el bien relevante y con capacidad de motivación para una persona (o para una sociedad)” (p. 153); los valores son “generalizaciones de comportamientos que posibilitan el perfeccionamiento o mejora personal” (p. 161). El autor defiende la existencia de normas morales generadoras de un dinamismo interrelacional con la persona, en lo que sería el juicio moral, que da lugar a modelos personales, a seguir o no. La norma moral es, entendida así, personalista por encima de todo. La filosofía moral, por su parte, nos ayuda a comprender mejor las opciones morales a partir de la formación ética de la persona, como es el caso de los códigos escritos, desde los Diez Mandamientos o los códigos deontológicos, que han llegado a impregnar normas jurídicas. El autor analiza también la teoría de la ley natural como ley moral, que ha de ser reconocida por la persona, y en la que inciden elementos como la historia y la cultura, que pueden poner en duda su universalidad, como algunos sectores critican a la Declaración Universal de los Derechos Humanos de 1948. Maritain ya sufrió esas críticas y propugnó que la ley natural se compone de principios morales no escritos previos a la mencionada Declaración. En relación con el concepto de naturaleza se sostiene una visión personalista, basada en la igualdad en dignidad a todas las personas humanas huyendo de concepciones metafísicas.  

Realiza el autor una revisión crítica de las “fuentes de la moralidad”. Sostiene que no hay moralidad sin sujeto actuante, a partir de una intención, que puede ser diferente del hecho realmente acontecido y con una consciencia o juicio moral sobre esa acción. El juicio moral es universal y personal (p. 246); es el centro de la persona. Acaba el autor con un capítulo dedicado a “por qué hacer el bien”, interesante puesto que en el fondo esta es una pregunta relacionada con la felicidad o con el deber. Sea como sea siempre está en juego la construcción de la persona. 

La ética motivacional del cristiano desemboca en el sentido de la acción: el cristiano debe hacer el bien porque es un medio de santidad. Desembocamos así en una reivindicación de la moral del santo (p. 284) y en un intento de la comprensión de las raíces del mal, desde la libertad y la responsabilidad personales, en la que tiene un importante papel la reconciliación y la reparación. 

Las últimas páginas se centran en el amor como virtud humana que perfecciona la persona, y por extensión la sociedad. Es esta una conclusión profundamente personalista, que se podría manifestar de forma sublime en el orden social y político, a pesar de que el mundo actual parece ir por otros derroteros. La presente obra del profesor Burgos nos da pautas morales para configurar la vida de otra manera, al estilo de la revolución personalista y comunitaria de Mounier.

 

L’urbanisme com a destrucció i el dret a l’habitatge

L’urbanisme com a destrucció i el dret a l’habitatge

En aquest temps de reivindicació de sobiranies i de més autogovern cal recordar que des de l’any 1980, l’estatut d’autonomia de Catalunya assigna la competència sobre l’urbanisme a la Generalitat i els Ajuntaments. L’urbanisme, en la fase més decisòria, la d’elaboració dels plans urbanístics generals i parcials, i la gestió de les llicències d’obres depenen d’administracions radicades a Catalunya. De ningú més. 


D’altra banda, l’urbanisme no es caracteritza  -malgrat alguns processos participatius- pel seu component democràtic, tot i que ens volen fer creure el contrari, atès que és un àmbit especialment tècnic on allò què importa és més la construcció que no pas el respecte al medi ambient, el model de poble, el paisatge o altres consideracions. Dic això perquè algun alcalde m’ha arribat a dir, confús, que si no deixen construir haurien d’indemnitzar els promotors, i un altre va impulsar el procés de permuta de terrenys per tal d’evitar la construcció en un indret on han fet un nyap de premi. 

En tots aquests anys d’autonomia, en una dinàmica que ve d'abans, l’àmbit local ha estat especialment propici per a corrupteles i per a un tràfic d’influències descomunal, conegut i contrastat, en tot allò que es refereix a la urbanització del territori, dels nostres pobles, viles i ciutats. La construcció ha estat la gran via de finançament municipal.  Mitjançant la construcció desmesurada s’ha malmès el patrimoni natural i s’ha canviat la configuració dels pobles, convertits en miniciutats. A més, tanta construcció no ha estat directament relacionada amb el fet de viure-hi, és a dir, garantir mínimament el dret a l’habitatge. Ara veiem com la manca d’habitatge assequible és una autèntica vergonya. Per acabar-ho d’adobar les entitats financeres han estat les cooperadores necessàries del desgavell.  

El negoci del totxo i l’especulació immobiliària campen sense fre. Fins i tot en indrets emblemàtics volen construir urbanitzacions com a la Costa Brava. No en tenen mai prou. Es la gallina dels ous d’or i una crisi descomunal de la política. Els interessos generals no existeixen per enlloc.  Un perill públic, que dona feina a molta gent poc qualificada. Un abús amb massa empara legal, des d’interpretacions al servei d’interessos econòmics molt potents. 

Els promotors fan el que volen: sorolls insuportables, pols, horaris descontrolats... Hi ha un de dret a construir, sense respectar els drets de la ciutadania. El problema de l’urbanisme compulsiu és que hi ha massa gent – polítics inclosos- que segueix interessada en instal·lar-nos en el monocultiu d’aquesta activitat econòmica, que no ha servit per a garantir un dret a l’habitatge a tothom. Massa especulació i persecució de diner fàcil. Una xacra que no ens la traurem del damunt fins que no es facin d’altres polítiques. I tot això, depèn en gran part de nosaltres mateixos. Realment es vol i es pot anar a un canvi de model que ens acosti a Europa? Serem capaços d’autodeterminarnos com a poble?



 


dissabte, 6 de desembre del 2025

La Constitució fa 47 anys

La petrificació constitucional

Després de quaranta set anys de vigència de la Constitució espanyola de 1978 podem celebrar la seva llarga vida, si comparem amb altres textos constitucionals. La permanència el més intocable possible ha estat una obsessió, com a contrapunt a la superficialitat, poc valor normatiu i escassa durada de les Constitucions a Espanya. Es volia que el text constitucional desenvolupés tots els seus efectes d’organització dels poders de l’estat i de garantia dels drets de les persones i per aconseguir-ho calia que tingués temps per a ésser efectiu. És un èxit del text de 1978 la capacitat de vinculació jurídica suprema, però al mateix temps l’obsessió esmentada s’ha convertit en un element ideològic, que ha portat a un dels seus aspectes més negatius al meu parer, allò que s’anomena la petrificació. 

En efecte, des que va entrar en vigor la Constitució només s’han fet tres reformes constitucionals que podem qualificar com “menors” i sempre condicionades per plantejaments externs al debat polític intern. La primera el 1992, per a facilitar el sufragi passiu –ésser candidats- dels estrangers comunitaris en les eleccions municipals; la segona el 2011 per tal de consagrar l’estabilitat pressupostària com a exigència europea en plena crisi econòmica; i la tercera el 2024 per substituir una paraula i parlar ara de “discapacitats”. 

No s’ha fet cap reforma conseqüència d’un debat polític profund, malgrat l’informe del Consell d’Estat de 2006, el qual va entendre que calia reformar la supressió de la preferència de l'home a la successió al tron, incorporar a la Constitució la referència a la Unió Europea, la inclusió de la denominació de les comunitats autònomes i la reforma del Senat. 

No s’ha tocat res, i per això alguns estudiosos sostenen que Espanya no sap fer reformes constitucionals, i recorden que els processos polítics de canvi sempre han tingut lloc per altres vies (cops d’estat, aixecaments militars, ruptures, canvis de règim), amb la conseqüent pèrdua del sentit normatiu de la Constitució. Curiosament però, el procés constitucional de 1978 va partir de la llei per la reforma política de 1976 i de la transició política que s’endegà, un fenomen que es va convertir de facto en un procés constituent,  una reforma basada en el principi de la llei a la llei (de la llei franquista a la llei constitucional).

Un cop elaborada, la Constitució va tenir una primera etapa de construcció de l’estat social i democràtic de dret, que va significar un model de transició política a la democràcia. Però com he dit abans, els anys no han passat endebades i avui en dia ens trobem amb un text que grinyola en molts aspectes: la monarquia que per alguns havia estat un dels motor de la transició li costa recuperar el prestigi després de les actuacions del Rei emèrit; el govern es troba pres de les tendències suïcides de la polarització afectiva que inunda les cambres parlamentàries; la sensació de corrupció és gran; alguns jutges sembla que vagin més enllà de la seva potestat jurisdiccional i desprenen un estrany activisme; el tribunal constitucional s’ha polititzat fins a límits insòlits; l’estat autonòmic no és percebut com a positiu per una part important de la població de  Catalunya, es deixa anar lliure la tendència homogeneïtzadora i l’infrafinançament és notori. D’altra banda, el procés sobiranista català que eclosionà el 2017 ha acabat en una important crisi constitucional espanyola. En l’àmbit dels drets s’ha consolidat un sistema de garantia força notable, amb clarobscurs. Però això no vol dir que no hi hagi importants forats negres com en el casos gravíssims del dret a l’habitatge o del dret a la mobilitat.  

L’absència de reformes ha convertit el text en desactualitzat en massa temes. Alguns preceptes son propis de disposicions transitòries per posar en marxa allò que es diu. En altres casos, la incorporació de noves regulacions és una necessitat per tal de mantenir la Constitució com un text útil per a la regulació de la vida política i social. Renovar-se o morir. Aquesta és la qüestió!

 


diumenge, 30 de novembre del 2025

Tenim dret a l’esperança. Sentit de la jornada "Viure en l’esperança”. XX jornada Grup Sant Jordi.

Bon dia a tothom. M’han encarregat de dir unes paraules introductòries sobre el sentit de la jornada d’avui que duu per títol “Viure en l’esperança”, cosa que agraeixo sincerament. 

Us voldria parlar de l’esperança, en aquest temps d’incertesa i de desesperança per a molta gent. I em ve al cap la referència al catecisme, a les anomenades virtuts teologals –fe, esperança i caritat- com a fonament per a un relligament sòlid amb Déu i els altres, des d’una cosmovisió cristiana sense la qual no podem derivar amb sentit les virtuts cardinals, que són les que ens donen criteris per a una bona conducta: la prudència, la justícia, la temprança i la fortitud. Així ho vàrem aprendre de menuts.

Penso que cal tornar a les virtuts humanes, i deixar-nos endur per l’esperança, pels brots verds en aquests temps de sequera. Hem de salvar-nos, en una època difícil atès que la toxicitat ambiental i les greus dificultats no ens ajuden per tal de mantenir un “estat d’ànim” positiu. 

L’esperança però no és qualsevol pensament construït amb llenguatge positiu, sinó que s’emmarca en un sentit global de la vida, en una cosmovisió, com ara la cristiana. No és viure en un món màgic sinó real, com demostren les dues ponències d’avui.

Ens cal comprendre el nostre “humus”, és a dir, allò que ens fa fructificar.  Davant la gran crisi moral que patim i la confusió dominant, ha augmentat la desesperança i per què no dir-ho, la desesperació. Alguns li diran “nihilisme”. Els mitjans de comunicació ens turmenten massa sovint amb missatges negatius. Acceptem sense més que “això és el que hi ha”. Ens ofeguem per la continua experiència de problemes propis i aliens. Davant d’aquesta situació necessitem l’esperança.

L’esperança té unes connotacions molt constructives. Ens ajuda a no acceptar fàcilment la derrota, ens dona força per tal de lluitar per uns objectius que considerem legítims, justos, bons, i ens permet esperar un futur millor però també viure un present més ple. 

L’esperança és tan essencial per a la vida digna que, al meu parer, cal reivindicar el dret a l’esperança. Tenim dret a no caure en la desesperança, ni en la desesperació. Aquest és un dret personal però en la cosmovisió cristiana s’ha de viure en comunitat. 

Penso que també tenim dret a que no ens robin l’esperança, en especial els tirans i dèspotes del nostre entorn. Ningú no ens pot robar l’esperança. Cal que reaccionem amb contundència front les ingerències il·legítimes dels altres, que no ens deixen viure amb esperança.  

Aquest dret a l’esperança es troba molt lligat, penso,  a la intel·ligència (sobretot emocional i espiritual), la qual cosa vol dir a la pràctica lluitar contra l’estupidesa, l’analfabetisme emocional, contra les persones que no ens deixen ésser nosaltres mateixos. Ens necessitem uns als altres per a construir plegats escenaris de present i de futur, ancorats en principis nuclears compartits per tal de desenvolupar-nos com a persones i com a país. 

Cada dia hauríem de preguntar-nos què i qui ens impedeix l’esperança. Avui reflexionarem sobre el lliure desenvolupament de la personalitat basada en els valors evangèlics i ens n’adonarem a ben segur que ningú no se salva sol. 

Moltes gràcies per la vostra atenció i bona jornada. 



dimecres, 19 de novembre del 2025

Ens cal una cultura de la integritat

Ens cal una cultura de la integritat 

Davant la polarització destructiva de la convivència i sobretot davant els nombrosos casos de corrupció que ens ofeguen, considero que cal reivindicar una cultura de la integritat, entesa com el conjunt de valors, principis, actituds i comportaments compartits dins una organització o a la mateixa societat, que promouen l’honestedat, la transparència, la responsabilitat i el compliment ètic de les pròpies accions.

La cultura de la integritat cerca que les persones actuïn correctament no només per obligació o per por de possibles sancions, sinó perquè creuen en els valors ètics que sustenten les decisions. Implica coherència entre allò que es diu i allò que es fa.

Es podria dir que la cultura de la integritat és una part de la cultura cívica o fins i tot del civisme, és a dir, del conjunt de regles morals i jurídiques que corresponen a la persona pel fet d’ésser membre d’una comunitat. Tot i que el compliment normatiu és molt important, ens cal un ethos, uns valors compartits considerats bons.

La cultura de la integritat significa crear un entorn on els líders donen exemple amb la seva conducta, s’estableixen codis d’ètica clars i accessibles, es promou la capacitació contínua en valors i conducta ètica; hi ha canals segurs per denunciar irregularitats i es reconeix i es valora el comportament íntegre.

Una cultura de la integritat posa en valor aspectes com ara el respecte per les lleis i normes socials, la participació ciutadana, la confiança en les institucions, el rebuig de la corrupció o la confiança personal i institucional.

De fet, es tracta d’anar consolidant la idea de govern obert, definit per la Generalitat de Catalunya al seu web de la manera següent: “El govern obert és una manera de fer política i gestionar l’Administració pensada per ser més transparent, participativa i col·laborativa. L’objectiu és apropar les institucions a la ciutadania i fer que aquesta pugui formar part activa de les decisions públiques”. En el fons es tracta de potenciar el civisme dels poders públics.

El cas més greu d’incivisme dels poders públics correspon a la corrupció. Per això és imprescindible desenvolupar una cultura de la integritat. Com recorda Xavier Forcadell Esteller, Transparència Internacional, en el seu Informe de febrer del 2025, indica que Espanya continua retrocedint posicions respecte l’any 2024, concretament quatre punts respecte de l’anterior, del 2023, situant-se al nivell de Xipre o la República Txeca.

Un dels factors d’aquesta situació és el retard en la transposició de Directives europees, ja que 87 Directives segueixen pendents de transposició i 30 d’elles ja estan fora de termini. A més, hem de recordar que Espanya continua sense tenir una estratègia nacional anticorrupció, prevista a la Llei 2/2023, de 20 de febrer, reguladora de la protecció de les persones que informin sobre infraccions normatives i de lluita contra la corrupció; cal afegir-hi la manca de reforma de la normativa de conflictes d’interès i d’adopció d’una regulació de grups d’interès i un registre central de lobbies. D’altra banda, la Llei 19/2013, de 9 de desembre, segueix pendent de la reforma anunciada al IV Pla de Govern Obert i el Consell de Transparència i Bon Govern.

Cal fomentar la cultura de la integritat perquè és una base imprescindible per l’aprofundiment en la democràcia. Hem de millorar la gestió pública per tal que sigui més eficaç i eficient, però sobretot ens cal construir la democràcia de manera que no sigui tan sols una forma de govern sinó, com va dir Friedich, també una forma de vida.

dimarts, 4 de novembre del 2025

L’allunyament de la política

L'allunyament de la política 

L’allunyament, la desafecció o el desinterès per la política, es una realitat creixent. Al meu parer hi ha dues premisses prèvies a la revalorització de la política: una, la política ha de retornar a la comunitat, i dos, la política ha de respondre a principis ètics i no ésser només a un joc d’estratègies. Això vol dir que la política hauria de ser l’àmbit en el qual s’escenifiqués el bé i les relacions amatents entre persones i grups, a partir d’una idea prèvia i bàsica de país. 

Avui, en canvi, el màrqueting ha substituït l’ètica, i encara pitjor, sovint son emprades grans paraules buides de contingut (el progrés, el canvi..) i sense testimoniatge personal. D’altra banda, caldria superar la crisi de les ideologies. En efecte, hauríem de poder demanar que les diferents opcions ens ofereixin amb claredat quines concepcions de fons, quins valors, sostenen sobre la persona i les seves referències comunitàries, a fi i efecte que així es pogués produir un debat realment racional i es pugues evitar l’actual polarització afectiva.

Penso que la política ha de ressituar-se en la comunitat i després, en un segon moment, en el poder. Primer hem de construir la nació i després l’Estat. I a més, caldria definir el bé comú –que no és la suma dels interessos particulars, sinó els generals o comunitaris -, és a dir, el consens bàsic de país que hem de compartir tots els ciutadans i grups, per a conviure en llibertat. En canvi, l’individualisme regnant provoca un model de persona deshumanitzada. Aquest és un dels reptes més importants que  tenim entre mans: construir un discurs humanitzador, a partir del testimoni de persones que donin la seva vida per un ideal. Avui necessitem humanitzar la vida i per tant també la política. 

Fa gairebé cinquanta anys es va voler reforçar els partits polítics i per això les llistes en eleccions com al Congrés dels Diputats, al Parlament de Catalunya o a les municipals son tancades i bloquejades. Aquest sistema, com s’ha recordat sovint, no ajuda gens a acostar i prestigiar la política. Per això es necessari obrir d’alguna manera les llistes electorals i fer que els electors puguem escollir realment els nostres representants. 

És hora de fer alguna cosa amb l’objectiu d’acostar els representants polítics a la societat i lluitar contra l’abstenció. No cal ser un gran observador per comprovar la desafecció cada vegada més gran dels ciutadans respecte a allò que se’n diu “la classe política”, expressió que no m’agrada, perquè comporta una dicotomia que no comparteixo entre els polítics més o menys professionals i la ciutadania. En tot cas, els pactes postelectorals no sempre son ben compresos i ens trobem amb partits que augmenten el seu poder institucional fins a límits intolerables perquè dominen gairebé totes les institucions. La partitocràcia no pot substituir la democràcia.

La democràcia és sempre fràgil i necessita que les persones –la ciutadania en general i els polítics- siguem realment demòcrates. Només així la democràcia podrà funcionar no tan sols com un sistema de legitimació formal de càrrecs públics, sinó com a mètode per tal de crear una comunitat en la qual tots siguem polítics d’alguna manera. No oblidem que la democràcia també pot funcionar sense demòcrates. 


divendres, 24 d’octubre del 2025

Deures cívics i democràcia

Deures cívics i democràcia 

La Declaració Universal dels Drets Humans, de 1948, sosté a l'art. 29.1 que «tota persona té deures respecte a la comunitat, ja que només hi pot desenvolupar lliurement i plenament la seva personalitat». Per la seva banda, la Carta dels Drets Fonamentals de la Unió Europea (integrada al Tractat de Lisboa de 2007), ens parla en el seu preàmbul que el gaudi dels drets «implica responsabilitats i deures tant respecte dels altres com de la comunitat humana i de les generacions futures». En definitiva, la democràcia com a sistema polític, però també com a forma de vida, es veu directament influïda per l'establiment de deures en el marc d'una cultura de la responsabilitat. 

Considero que cal introduir al llenguatge col·lectiu la referència als deures cívics, des de la premissa que és urgent el seu tractament per a la construcció de la comunitat, i per a una vida personal plenament respectuosa amb l'entorn. L'oblit d'aquesta premissa és preocupant, ja que provoca una concepció de la desvinculació de la comunitat, de la manca de respecte pels altres, o de l'anomenat «abús dels drets» (jo exerceixo els meus drets amb total despreocupació de les altres persones o grups).

La ciutadania ha de ser conscient dels seus drets i deures, de manera lliure, crítica si cal, però de manera responsable, participativa i solidària. La convivència en llibertat exigeix una bona educació, ja que «viure és conviure», com va dir Aristòtil (Política). La convivència ha de reconèixer el pluralisme, en el marc d'una forma de vida cada cop més globalitzada, però alhora gelosa de la identitat col·lectiva, i un multiculturalisme que no es pot interpretar com una «tabula rasa» que desconegui radicalment el passat. 

L'establiment de deures no només correspon a l'Estat. La família i altres formes de socialització han de tenir un paper important. Recordem aquí la cèlebre obra De officiis de Ciceró, dedicada al seu fill Marc, que tracta sobre els deures, autèntic tractat de virtuts cíviques i de ciutadania. Voldria recordar aquí  la Declaració de Responsabilitats i Deures Humans, aprovada en el marc de la UNESCO i amb el suport de l'Alt Comissionat dels Drets Humans de l'ONU. Proclamada el 1998, per commemorar el 50è aniversari de la Declaració Universal dels Drets Humans, és coneguda com a Declaració de València per acordar-se en aquesta ciutat. Proposa de forma ordenada una sèrie de deures i responsabilitats tant col·lectives com individuals a fi de portar a la pràctica allò que s'ha preceptuat en les declaracions internacionals de drets humans. Es parteix de la constatació que una vegada proclamats els drets, ara correspon implantar els deures. 

Els poders públics, les organitzacions socials, i els ciutadans comparteixen la responsabilitat de la garantia i promoció dels drets humans. En concret es parla del dret a la vida i a la seguretat humana, a un ordre internacional just, a la participació en els afers públics, a les llibertats d'opinió, expressió, reunió, associació, religió, el dret a la integritat física i moral, a la igualtat, a la protecció de les minories, dels infants i la gent gran, el treball, la qualitat i nivell de vida, l’educació, les arts i la cultura, i el respecte a tot allò que estableix la pròpia declaració. Dels drets anteriors se'n dedueixen deures.

Partim del necessari desenvolupament de la persona al si de la comunitat a manera de feedback. En efecte, una visió transcendent de la persona repercuteix en un reconeixement de la dignitat humana i dels drets inherents, un respecte a la «casa comuna», al medi ambient, a la justícia social, a la construcció d'espais de convivència. 

Davant les injustícies i desgràcies del món, és urgent plantejar-se el que cadascú pot fer amb l'objectiu que avanci la humanitat amb intel·ligència i sense por. Ens preguntem com es pot construir el canvi, el nou paradigma, des de la força de les conviccions personals i amb el pes d'institucions inclusives i responsables socialment. El progrés no serà plausible sense consciència crítica a partir d'una informació veraç, sense consum responsable de l'impacte social i mediambiental, sense innovació social des de la recerca, sense capacitat de cooperació nord- sud, sense més col·laboració i menys rivalitat, sense capacitat de lluita efectiva contra la pobresa i l'exclusió social, sense polítiques que assumeixin la compassió pels febles i que això no es prevegi com una debilitat o una pèrdua d'influència o hegemonia dels poderosos. És d’estúpids la indiferència amb què massa sovint mirem aquestes i altres grans qüestions dels nostres dies.